Rabanal del Camino, 17-5-19

Objetivo cumplido. Llegamos a Rabanal. Dónde íbamos a estar mejor dos de Rabanal. Sin embargo, ya volvimos a casa.

Esta noche en Castrillo fue una noche de lluvia y viento que nos hizo pensar que hoy, siendo el último día, no saldríamos a caminar. Pero cuando nos levantamos no estaba tan mal y decidimos continuar un poco. Al principio caía un poco de lluvia, tipo chirimiri, que no llegaba a mojar, y algo de viento, a la vez que nos daba el sol por la espalda. Esa combinación nos hizo disfrutar durante casi una hora de la vista de un precioso arcoíris, completo y con todos sus colores visibles. (¿Habéis visto un arcoíris durante tanto tiempo?).

El Camino fue bastante llano tirando algo hacia arriba hasta unos kilómetros antes de Rabanal, y bastante bonito, por zonas de monte bajo.

Tuvimos suerte y desde antes de El Ganso ya dejó de llover y tuvimos buena mañana.

Los últimos kilómetros sí tienen algo de subida, pero bastante cómoda. Lo más empinado, el trozo que discurre por el pueblo de Rabanal, que recorrimos hasta el final. Para no ponernos tristes, al llegar nos tomamos nuestro pincho diario de tortilla.

Ahí lo dejamos para retomarlo en otro momento, que espero sea pronto.

[Gracias a los que habéis seguido este pequeño diario y nos habéis comentado por whatsap u otros medios lo que íbamos haciendo. Completaré el capítulo de albergues y el de compañeros y hasta la próxima.]

Fotos: Arcoíris y Final en Rabanal

Castrillo de los Polvazares, 16-5-19

Empezamos el día en Hospital de Órbigo teniendo que elegir entre el Camino paralelo a la carretera y el que va un poco más alejado de ella y que es más bonito, pero más largo. Elegimos el primero y caminamos con temperaturas en aumento a medida que avanzaba la mañana. Un camino bastante cómodo, a no ser por el ruido constante de coches. Los dos caminos se juntan en el crucero antes de San Justo.Aunque ya llevábamos dos horas de Camino, no paramos en San Justo y continuamos hasta Astorga. La idea era llegar a las 10 para ver a los maragatos dar la hora, pero la entrada a Astorga está llena de recovecos, y ya se remata con una pasarela impropia y excesiva para cruzar la vía del tren. Hay que subir, y luego bajar, no se cuántas rampas. Además, tuvimos que ayudar a una peregrina francesa, con la que hemos coincidido bastante, a cruzar la dichosa psasarela, ya que tenía vértigo y le daba miedo subir tan alto. Total, que llegamos a la plaza de Astorga dos minutos tarde para ver cómo daban las horas. En Astorga, la tradicional parada para el segundo desayuno.Continuamos el Camino, por pistas y caminos hasta Murias de Rechivaldo. Ahí elegimos desviarnos del camino habitual para venir hasta Castrillo de los Polvazares. En las guías que consultamos pone que hay que hacer ese tramo por carretera, pero en realidad, enseguida empieza una pista, entre el bosque, que es un camino bien bonito y muy agradable. En este último tramo, se empezó a nublar y a correr un viento frío, que hizo que ya no pasasemos calor (yo casi frío). Llegamos y, en el mismo momento de entrar en el albergue, se puso a llover.En Castrillo, ¿qué se puede hacer sino tomar un cocido maragato? Pues eso hicimos.Fotos: Flor de la estepa (jara) y cocido maragato.

Hospital de Órbigo, 15-5-19

Pues al final, no sé si fue tan buena decisión elegir la ruta alternativa. Empezamos Caminando al amanecer desde Oncina, con 11 grados. El primer tramo, hasta Chozas, fue muy bonito, por zona de monte bajo y tierras de cereal, y otras simplemente aradas. En ese tramo vimos un montón de liebres correteando por el campo. Es una buena ruta para pasear cualquier día, dejar el coche en Oncina, ir hasta Chozas, que es una hora, y volver. (El bar de Oncina está genial, o se puede tomar algo en el albergue).

Pero a partir de ahí, el Camino fue la carretera, hasta Villar de Mazarife, donde no encontramos ningún bar abierto, así que tuvimos, que seguir, por carretera y pistas, hasta Villavante; total que caminamos sin paradas hasta el km 18, menos mal que llevábamos algo de fruta y agua. Aún así se nos hizo larguísimo y pesado, y hacía bastante calor.

Después de reponernos un poco en Villavante, continuamos por pista con mucha piedra y carretera hasta Puente de Órbigo, y entramos en Hospital por el puente del Paso Honroso,

recordando al «macarra» de Don Suero.

Con todo, esta variante tiene algo mejor que la otra, y es que, en vez de ir todo el rato oyendo a los coches, en esta hemos disfrutado del canto de los pájaros y del cuco, de algún zureo de palomas, y sobre todo del croar de las ranas, las cuales hoy han sido nuestras mejores compañeras.

Por si nuestros males no fueran suficientes, los chicos de Correos, por segunda vez, no habían traído la bolsa. Así que lo mejor de llegar a un albergue, que es la ducha, tuvo que posponerse una hora.

Fotos: Una liebre en el Camino, y Puente sobre el Órbigo

Oncina, 14-5-19

Escribo estas notas hoy tarde (21:30) mientras «disfruto» de un concierto de ronquidos en la habitación del albergue. ¡Cómo se puede dormir así, con luz y tan temprano!

Respecto a la etapa, hoy 24 km desde Puente Villarente. El primer tramo, por pista y camino hasta Puente Castro, con bastantes subidas, aunque cortas. Desde Puente Castro hasta La Virgen casi todo por aceras, y desde La Virgen hasta Oncina, un poco de camino y luego carretera. Fue un momento duro porque hizo mucho calor, pero, a cambio, íbamos disfrutando del olor de las escobas (retamas), que me encanta, las cuales ya están bastante amarillas.

Elegimos en La Virgen ir por el recorrido alternativo para evitar la cercanía de la carretera. Mañana veremos si fue una buena decisión.

A pesar de pasar por casa, hicimos el recorrido como cualquier otro peregrino, tomamos el té delante de la catedral, nos hicimos las fotos de rigor y no entramos en casa, ya que eso sería ir contra el espíritu del Camino.

Eso sí, en Trobajo se nos unió Gerardo, que caminó con nosotros hasta La Virgen y allí quedamos con Vicky para tomar algo.

Fotos: En la plaza de la Catedral, y subiendo a Trobajo (foto de Camino, gracias).

Puente Villarente, 13-5-19

Hoy etapa un poco más larga que los días anteriores, ya que Mansilla está demasiado cerca del Burgo y, para nuestros planes, nos resultaba mejor acercarnos lo más posible a León.

Etapa de unos 25 km, en su mayor parte plana y con largas rectas. Sin embargo, al poco tiempo de salir de El Burgo Ranero, algo cambió en el paisaje, y es que empezamos a ver al fondo las montañas, por fin después de tanta llanura.

Nada más desayunar, empezamos a caminar con bastante fresco, lo que se agradecía, más pensando que al final de la mañana acabaríamos pasando calor. El primer tramo hasta Reliegos es bastante largo, unos 13 kms sin pueblos. Ahí paramos al primer avituallamiento.

A partir de Reliegos se inicia la llamada legua de Castilla («de Reliegos a Mansilla, la legua de Castilla», reza el dicho popular). Más de 5 kms que separan estas dos localidades. Parada para una caña y continuamos hasta Villarente.

Ese último tramo se hizo muy pesado, por pista y algo de carretera, a pleno sol y ya con calor. Menos mal que ya no hay que pasar el puente sobre el Porma, el cual están haciendo más ancho, por fin. Esa obra nos ha beneficiado bastante ya que, al estar cortado el puente, la carretera hasta Villamoros apenas tenía tráfico.

Llegamos al albergue, muy bonito, sobre la una y media y ya comimos aquí mismo, muy bien.

Albergues

Meeting Point, Hornillos del Camino. Todo correcto, baños y duchas para chicos y chicas separados. Habitación de 12 literas mixta, nuevas y limpia. El desayuno de bufé con tostadas, zumo y galletas, todo de Mercadona. No había nadie para controlar si se había pagado o no. El único problema es que no había calefacción y antes de acostarnos hacía frío en las zonas comunes, pero a la hora de dormir, no.

Ultreia, Castrojeriz. Muy bien, habitación mixta de unas 8 plazas, y baños separados. También hacía frío. El desayuno servido en la cocina, bastante bien. Lo más característico de este albergue es su dueño, Jose, que habla mucho, da mucha información y nos enseñó la bodega que hay bajo el albergue, visita gratuita todos los días.

Frómista, Estrella de Camino. Muy bueno, de lo mejor de este tramo. Llegamos cansadas, en un día horrible, y en encontramos un albergue chulísimo y con estufa de pelles en la habitación que daba sensación de hogar. Un porche cerrado, también con estufa, donde cenamos pizza. Baños y duchas comunes, algo escasos, y desayuno regular, casi lo único negativo del albergue.

Carrión, Albergue del Monasterio de Santa Clara. El peor. El hospitalero sin comentarios por no ser políticamente incorrecta. La habitación húmeda y fría, eso sí con tres camas individuales que compartimos con una vasca que roncaba más que un león. Dos baños con ducha incluida, unisex. Creo que tuvimos mala suerte porque llovía y hacía frío. En un día caluroso igual se agradece, pero estabamos deseando marchar. Sin desayuno.

Calzadilla de la Cueza, albergue Camino Real. Muy barato (5€). Buena habitación grande con literas mixtas. Duchas (4) y dos baños unisex y claramente insuficientes. Tiene bar debajo para los desayunos, caros, y la comida en el restaurante del mismo nombre y dueño, a unos 50 m., bastante buena. Lo mejor del albergue: un porche cerrado y jardín con piscina, que no probamos.

Sahagún, albergue El Labriego. Fenomenal, todo nuevo, ya que abrieron a finales de marzo y no deben de tener mucha gente. Habitación con 20 plazas en litera de las que solo se ocuparon las dos nuestras y otras cinco. La habitación parecía un poco húmeda al entrar, pero tenía un buen calefactor que tuvimos puesto toda la noche, sin restricciones, y estuvimos muy bien. Baño con ducha para hombres y otro para mujeres. La pega es que están fuera de la habitación y hay que pasar por un patio interior, unos 5 m. El agua caliente se acabó pronto, pero nos dijo el dueño que lo arreglarán pronto. Todavía hay muchas cosas por hacer, pero tiene buena pinta. Desayuno, regular, en el bar del albergue. El dueño un personaje, algo singermornings.

Albergue La Laguna, El Burgo Ranero. Bueno, habitación de literas, no muy amplia, mixta; baños y duchas mixtas. Tiene también habitaciones de camas bajas. Sin desayuno. Algo retirado del centro. Lo mejor el jardín, véase la foto.

Albergue San Pelayo, Puente Villarente. Muy bueno, un poco apartado del Camino, no mucho. Está fenomenal. Habitación mixta de 16 plazas. Tiene otras solo de camas bajas y algunas privadas. Duchas y baños mixtos, muy buenos. Jardín. Zonas de estar comunes muy agradables. Comimos allí mismo, muy bien, menú a precio de la calle, pero sin moverte, un lujo. También desayuno. Los dueños muy majos.

Albergue El Pajar, Oncina. Bastante bueno, muy pequeño. Un baño de hombres y otro de mujeres. Habitación de solo 8 plazas, hay otra privada para dos. El desayuno incluido en el precio, lo dejaron preparado por la noche, cada uno toma lo que quiere.

Albergue San Miguel, Hospital de Órbigo. Muy bueno, está fenomenal. Tiene habitaciones pequeñas de 4-plazas, que habíamos pedido, pero no nos gustaron las compis, así que estuvimos en la grande, de 18 plazas, bastante amplia y con taquillas para cada uno. Tiene un buen patio y un zaguán fresquísimo, que tiene que ser una delicia en verano. Baños y duchas 2 para hombres y 2 para mujeres, fenomenales. Con todo, lo mejor del albergue es el hospitalero, un hombre venezolano que está encantado aquí, en comparación con lo que dejó. Súperamable, pendiente de todo, y que preparó un desayuno que, sin ser nada del otro mundo (tostadas, mermelada y una magdalena), tenía una apariencia tan buena que parecía de un hotel de 4 estrellas.

Albergue de Castrillo de los Polvazares. Es albergue municipal, pero lo gestiona el dueño del alojamiento Flores del Camino. Por tanto, permite reservar. El albergue está nuevo, y tiene solamente 8 plazas en literas con dos baños cada uno con su ducha. Ayer durante toda la tarde estuvimos solas Beni y yo, pero luego llegó un chico tejano. La cena y el desayuno lo dan en Flores del Camino. Aunque no cenamos, nos dejaron estar con ellos (había dos franceses más alojados en la casa madre), menos mal, porque en Castrillo, en mayo y en día de diario está TODO cerrado. El hospitalero, un francés, encantador y muy amable, tiene siempre en el zaguán de su casa una mesa con fruta, café, té, etc. para que los peregrinos que pasen puedan tomar algo, ya que no hay bares, solo restaurantes que abren a la hora de comer.

El Burgo Ranero, 12-5-19

¿Será esta la etapa más aburrida del Camino? Rectas y más rectas de camino pegado a la carreter la cual, por suerte y gracias a la autovía, apenas tenía tráfico.

Un día soleado y fresquito al principio, que fue calentando pero sin molestar demasiado. Como nos dijo un peregrino que nos adelantó «a beautiful day to walk».

Entre Sahagún y el Burgo, solo el pueblo de Bercianos del Camino, donde paramos al descanso de la tortilla, muy buena, en el albergue La Perala, que me encantó. Si alguien no tiene el capricho, como yo tenía, de quedarse en Sahagún, nos pareció una buena opción.

Llegamos al Burgo demasiado pronto, y como todavía no está abierto el albergue, pues cañita, que domingo.

Fotos: Arco en el Camino, obra de Carlos Álvarez Cuenllas, y vista hacia atrás de lo variado del Camino de hoy.

Sahagún, 11-5-19

Pasado el centro geográfico del Camino, un poco antes de entrar en Sahagún, podemos decir que ya queda menos. Menos de la mitad.

Hoy salimos muy temprano de Calzadilla, con un día que se presentaba despejado y caluroso. Sin embargo, cuando quiso salir el sol, como por arte de magia, se nubló y se quedó una mañana estupenda para caminar. Solo al final del recorrido, empezó a hacer sol y calor, pero muy llevadero.

El recorrido de 22,5 kms, muy cómodo, bastante llano, casi todo por pista y caminos, y solo algo por carretera.

Hoy pasamos varios pueblos, a diferencia de ayer, así que no tuvimos problemas para encontrar un sitio estupendo para el segundo desayuno, la bodega El Castillo de Moratinos.

Por la tarde, ya en Sahagún seguimos caminando, recorriendo el pueblo de arriba a abajo varias veces, para ir a comer, para hacer la visita turística y, cómo no, para recoger nuestra carta pergrina que acredita que ya hemos hecho la mitad del Camino.

Fotos: La Virgen del Puente con el centro geográfico del Camino y patatas del Caracas al llegar a Sahagún

Compañeros de Camino

Las «heteras»

Este es un término acuñado por una persona muy querida por mí, que define a ese tipo de hombres que hablan alto, de «cosas de hombres» como fútbol y coches, que lo saben todo y tienen ideas trasnochadas, tirando a machistas. Pues estos de los que voy a hablar encajan perfectamente en la definición. Iban de dos en dos, pero se juntaron los cuatro, supongo que por afinidad. Ya habían hecho parte del Camino, y ahora retomaron, no recuerdo si en Burgos o Logroño, y van hasta León. Les encontramos varias veces, y su único tema era que les dijéramos sitios en León para comer o beber bien. También andaban algo mosqueados con las sorprendentes apariciones de las francesas (de las que hablaré). Lo que mejor ilustra su comportamiento es que ayer a la comida con el menú del Peregrino, pidieron otro vino, un vino bueno, según ellos, para echarle gaseosa y, además, tirarlo por encima al primer movimiento de tenedor. Hoy nos adelantaron y creo que ta no coincidiremos con ellos más.

La pareja oriental

No sabemos de donde son exactamente. Los encontramos a la salida de Burgos y creo que han hecho las mismas etapas que nosotras, porque los hemos visto todos los días y varias veces. Él vestido como cualquier peregrino, con ropa más o menos técnica, con sus bastones y zapatillas tipo montaña. Ella, con ropa de tienda de chinos: pantalones de chándal anchos y que le quedan cortos, una trenka marrón de hace mil años, que a veces llevaba colgada de la cabeza por la capucha y unas deportivas de las de no más de 10€. TODO el Camino ella va cogida del brazo de él, no sabemos si por amor o para apoyarse en él.

La señora mayor

Extranjera, probablemente americana, no sabemos su nacionalidad. En cuanto a la edad, creemos que bastantes más de 70. Va sola y carga con toda su mochila. No recuerdo desde cuando va con nosotras, pero quizá desde el principio. Tiene muchísimo mérito, ya que camina despacito, pero siempre llega. Hemos vuelto a coincidir con ella en Hospital de Órbigo, sigue con su rodilla mala, y nos ha confirmado que es de California.

Las francesas mágicas También conocidas como «La aparición». Empezamos por verlas en un punto del Camino, y al poco tiempo las adelantábamos, de repente las veíamos volver de frente a nosotros….. y así varias veces. Los chicos de los que hablé antes se volvían locos, decían si serían meigas. Lo mejor fue que las dejamos desayunando en Carrión y pasados varios kilómetros estaban por delante de nosotras, sin habernos adelantado. Ya lo sospechábamos, pero en Calzadilla descubrimos su secreto: una furgoneta las llevaba a determinados puntos y ellas caminaban un poco, hacia delante o hacia atrás, por el Camino.

Los de Menorca

No recuerdo bien dónde les encontramos por primera vez, pero sí me acuerdo de que paseando por Castrojeriz les vimos y bromearon con comprar algo en el pueblo, ya que estaba todo en venta. A partir de ahí coincidimos varias veces, entre ellas en Sahagún, donde tuvieron que sufrir mis explicaciones, y estuvimos con ellos hasta El Burgo. Finalizaron por esta vez en León, así que no coincidiremos más en el Camino, de momento.

Son tres hombres jubilados, dos empresarios y un currante, que hacen el Camino de forma peculiar. Se alojan en hoteles, a donde les llevan las maletas (no mochilas) y vienen con todo previsto. La comida y la bebida son sus principales inquietudes en el Camino. Caminan de mañana, en este orden: Lluis, en cabeza, Josep más o menos a su paso, y Joan en última posición. Cada uno con su personalidad, fueron muy amables y amigables con nosotras. Les estoy agradecida porque perdí en el camino la pulsera de peregrina que compramos en Roncesvalles. Ellos venían detrás y me la devolvieron. Una pulsera de oro no me habría hecho tanta ilusión. Ojalá volvamos a verles cuando retomen su Camino en León.

Los australianos

Coincidimos con varios. Parece increíble que vengan de tan lejos al Camino, pero hay muchísimos. Se les reconoce porque no se les entiende cuando hablan en inglés. De todos, recuerdo a dos chicos que ya estaban en el albergue de Hornillos. Eran los últimos que salían, y no se daban un mal rato, pero siempre llegaban, aunque tarde. Uno no sr quitaba nunca el gorro de lana, ni cuando tomaba el sol sin camiseta. Había otras dos parejas, de las cuales una señora se llamaba Emilia, y otra que era roncadora profesional.

Pero la mejor de las australianas fue una mujer de unos 80 años que hacía el Camino sola, y que en Oncina se las arregló para aprender a jugar al tute. Por la tarde, en el albergue quiso poner en práctica sus conocimientos y retó a Beni a una partida. Me pidió que la ayudase (yo no tengo mucha idea), aunque ella sabía que los ases y treses valen mucho y que había que juntar caballos y reyes. Al final ganó. La foto es de ella, al día siguiente, empezando el Camino al amanecer con ese modelito, observando unas liebres.

El correcaminos

Un chico joven, rubito, guapo, pulcro. Llevaba una mochila pequeña y compacta en la que debían de estar todas sus cosas. Parecía que no caminaba rápido, pero siempre nos adelantaba, a nosotras y a todos los demás, con una forma de andar que parecía que estaba paseando. Siempre limpio, impecable, todo vestido de negro, y siempre solo.

Las francesas

Una alta y más joven y otra bajita y bastante mayor. Esta última daba unos pasos tan cortos, que parece imposible que pueda hacer el Camino, pero hacían etapas bastante largas, y venían ya de Sant Jean. Coincidimos varios días con ellas. El remate fue la subida a la pasarela de Astorga, donde la mayor me agarró tan fuerte la mano que me dejó marca, tanto miedo tenía la pobre a las alturas.

Beni

Simplemente, sigue siendo la mejor compañera de Camino. A ver si podemos terminarlo.

Las amapolas

Fueron las compañeras más constantes y asiduas de este tramo de Camino. Estaban en todos los bordes y cunetas. Preciosas. Esta es una de las ventajas de caminar en mayo.

Calzadilla de la Cueza, 10-5-19

Etapa corta y básicamente plana la de hoy. Salimos pitando del horroroso albergue de las Clarisas de Carrión y nos tomamos un rico desayuno en el bar La Corte que ya habíamos fichado ayer.

Empezamos el Camino con un ligero txirimiri que no llegaba ni a mojar, y algo de viento, durante 6 kms por la cuneta, sin arcen, de una carretera comarcal de esas que ni siquiera tiene pintada la línea central, con largas rectas tomadas por los peregrinos, de modo que parecía aquello la M30 en hora punta, sobre todo en ese momento en el que se juntaba una furgoneta con peregrinos a pie y en bicicleta.

Por fin tomamos la pista que nos trajo hasta Calzadilla, donde, ya sin lluvia, empezó el viento de cara, no tan fuerte como antes de ayer, pero a veces bastante

molesto.

Lo peor de la etapa de hoy es que no hay ni un pueblo en 18 km, pero como íbamos preparadas, nos tomamos nuestro bocata en un merendero improvisado que hay en el camino, aunque no tenían mucha oferta. Todo sea porque no nos lleve el viento.

El albergue de hoy, calentito y con secador de pelo, nos resarcirá del de ayer, aunque no creo que lo olvidemos fácilmente, sobre todo Beni.

Foto. Muchos peregrinos en el Camino.